Campanas de México

- Nuestra campana más antigua

Nuestra campana más antigua

Recuerdo de las Monjas Concepcionistas

La meridana Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, mejor conocida como Las Monjas, constituye tan sólo una fracción de lo que antaño fue no sólo iglesia, sino también convento de las religiosas concepcionistas, única orden monacal femenina que llegó a Yucatán en el período colonial de los siglos XVI al XIX.

Permaneció entre nosotros varios años después de la independencia de España, hasta 1867, cuando las monjas fueron expulsadas de su convento en virtud de las Leyes de Reforma, ejecutadas por el general Cepeda Peraza, gobernador de Yucatán. Fue entonces cuando el convento, que ocupaba dos manzanas de extensión hacia el poniente, fue demolido en su mayor parte, para abrir una nueva calle —la 66—, que pasó por en medio de los ex terrenos conventuales que, una vez fraccionados, fueron puestos a la venta por el gobierno del Estado y adquiridos por gente que allí edificó sus nuevas casas-habitación.

Cuando el 12 de octubre de 1867 fueron expulsadas las religiosas concepcionistas, muchos de los muebles, imágenes, cuadros y demás objetos religiosos de su monasterio fueron objeto del robo y el pillaje que entonces se desató. Sin embargo, algunas de esas piezas fueron rescatadas por diferentes familias de la sociedad meridana, con la esperanza de ser devueltas algún día a las queridísimas madres concepcionistas cuando éstas retornaran a Yucatán, lo cual nunca ocurrió. Cruel destino el de esas insignes religiosas que tanto amor desplegaron en la comunidad y que vivieron sus últimos días alojadas en las diferentes casas de familia en que fueron acogidas.

Ya pasaron 141 años desde aquellos sucesos y por ello nos ha causado sorpresa la aparición de una pieza muy representativa de la histórica y cuatricentenaria iglesia-convento de Las Monjas.

Se trata de una campana, supuestamente la mayor del templo, que fue bajada de su campanario no sabemos cuándo y desapareció, permaneciendo en el olvido por largas décadas, hasta su reciente aparición. Dicha campana, cuyos últimos propietarios —los hermanos Martín Vázquez— la han donado al templo de donde proviene, se encuentra hoy asentada en el piso del patio interior de la Iglesia de Las Monjas, a la vista de todos. ¿Habrá resonado alguna vez en lo alto del mirador del templo? Lo dudamos, pues es históricamente aceptado que el grato y extraordinario mirador no fue edificado para ser campanario, sino como solaz para las religiosas en el período canicular. Lo lógico es que dado su considerable tamaño y consecuente sonoridad dicha campana haya estado colgada en la sólida espadaña que el templo conserva en lo alto de su azotea (costado norte), sitio mucho más accesible para el manejo cotidiano de toques y repiques.

Interesante sorpresa nos ha traído la singular campana, pues lleva grabada la fecha más antigua entre todas las campanas conocidas de Yucatán. Ninguna otra —ni las de Catedral— iguala en antigüedad a ésta, fechada en 1591, año en que terminó su fundición, para ser donada al entonces novísimo convento iniciado apenas dos años antes, en 1589. La inscripción de la campana revela también a su donador: don Antonio de Vozmediano, gobernador y capitán general de Yucatán (1586-1593), a quien la historia vincula con la fundación y establecimiento en esta ciudad de las referidas monjas concepcionistas, con gran entusiasmo de la sociedad meridana. Sin embargo, el convento no fue inaugurado sino hasta 1596, cuando Vozmediano —terminada su administración— ya no se encontraba en Yucatán. Más tarde, en 1633, quedaría terminada la iglesia y en 1648, el mirador, y el claustro en 1760.

Pero es obvio que don Antonio no quiso abandonar la Provincia sin antes perpetuar su recuerdo de fundador. Y lo hizo dejando inscrito su nombre tan sólo en una campana que desafiaría el paso de los siglos, tal como hoy hemos constatado (1).

La inscripción de la campana, que circunda su parte superior, dice así (respetando su arcáica ortografía): “MANDOME HAZER EL GOBERNADOR ANTONIO DE BOZMEDIANO ANNO 1591”. Carece de nombre o signo de quien la fundió.

Además, en el centro de dos de sus caras la campana va adornada con sendas cruces de raro diseño, integradas por la unión de numerosos rombos con peculiares crucesitas interiores. La cruz latina de la cara frontal es mayor que la trasera, y surge de un triángulo o monte calvario tachonado de las mismas crucesitas antes citadas. En el centro, donde se cruzan sus brazos, figura una corona o relicario exagonal con cruz interior de extraño diseño (2).

La campana de Las Monjas es de tamaño grande, aunque no tanto como las de la S.I. Catedral de Mérida. El diámetro de su boca es de unos 95 centímetros y su altura llega a casi un metro. Gente entendida calcula que su peso en bronce puede llegar a 600 kilos. Su conservación es óptima y sólo se observa en ella la oxidación verdosa propia del bronce, metal mayoritario en la fundición de campanas. Su argolla superior denota el desgaste propio de haber estado colgada por más de tres siglos.

La campana de Vozmediano (1591) aparece hoy como la más antigua en Yucatán, con fecha grabada en su metal, ya que la más vieja conocida hasta entonces era la Mayor de la S.I. Catedral de Mérida, fundida en 1728 (3). En el pasado existieron templos con antigüedad quizás mayor que el de Las Monjas, Vgr. el Mayor de San Francisco, en lo alto del cerro de la Ciudadela, pero de él —y de otros— ya no queda nada, ni sus campanas. Entre los conventos franciscanos del interior de Yucatán, tal vez exista alguna vieja campana sobreviviente, capaz de competir en antigüedad con la de Las Monjas, pero hasta hoy no ha aparecido ninguna con esas características.

Pensamos que la campana que hoy se exhibe en Las Monjas no pertenece al lote de objetos sacros saqueados en 1867. Suponemos que no fue sino hasta 1915-17 cuando fue bajada de su campanario, durante los saqueos y despojos que el templo sufrió en la ola antirreligiosa desatada por el general Salvador Alvarado, gobernador revolucionario de Yucatán. Y es que las campanas son presa muy codiciada en los talleres de fundición para extraer y aprovechar el bronce, metal muy cotizado.

Pero la campana de nuestra historia no llegó a sufrir ese destino, ya que al cabo de los años fue rescatada por el presbítero D. Crescencio A. Cruz, inolvidable cura de San Cristóbal, quien poco antes de morir la dio en custodia al empresario cordelero Tomás Martín de León, quien la guardó por algún tiempo, hasta su muerte ocurrida en 1955. Y son ahora sus hijos, los hermanos Tomás (q.e.p.d.), Alfonso y Carlos Martín Vázquez quienes conscientes del valor histórico de la pieza hallaron la mejor oportunidad para devolverla, mediante gentil donación, al sitio de donde vino y del que nunca debió haber salido. Campana colonial de cuatro siglos, bienvenida a casa.

PEÓN ANCONA, Juan Francisco Cronista de Mérida

Diario de Yucatán (06-04-2008)

  1. Según el historiador Molina Solís, el período administrativo de D. Antonio de Vozmediano se distinguió por el nepotismo, el favoritismo y enriquecimiento ilícito, por parte del gobernante y sus hijos. Tal parece que lo único positivo de su mandato fueron sus empeños y esfuerzos por traer y establecer en esta provincia a las Madres Concepcionistas
  2. Cruces iguales o muy parecidas aparecen en otras campanas coloniales, Vgr. las de la S.I. Catedral de Mérida, fundidas mucho más de un siglo después. Lo extraño en estos casos no es la cruz, sino su peculiar diseño, tal vez un símbolo especial para las campanas que iban a ser consagradas
  3. Ver el trabajo histórico ”El Obispo Juan Gómez de Parada y la campana mayor de Catedral”, por Juan Francisco Peón Ancona, aparecido en Diario de Yucatán el viernes 11 de julio de 1980
  • Iglesia de Monjas (Madres Concepcionistas) - MÉRIDA: Campanas, campaneros y toques
  • MÉRIDA (YUCATÁN): Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafia, descripción): Bibliografía
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