Mientras subía al campanario barroco de la Catedral de Morelia, desde donde indudablemente contemplaba los subyugantes palacios coloniales y el tránsito diario de personas, carruajes, caballos y carretones, Marcial Martínez esperaba la hora más anhelada del día para elaborar los ates que deleitaban los paladares de quienes tenían la fortuna de probarlos.
Tres décadas antes, en 1810, había iniciado el movimiento independiente que conoció los rostros de Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros personajes que hoy forman parte de las páginas amarillentas y quebradizas de la historia; pero el campanero de la Catedral, quien recibía las caricias del viento en la cara y tuvo, además, el privilegio de contemplar las casonas y callejuelas de lo que antes era Valladolid, ya pensaba en un proyecto que insertaría su nombre en la tradición oral.
Discurrían las horas de 1840 cuando él, Marcial Martínez, el campanero de Catedral, fundó su empresa de ates, a la que denominó El Paraíso, aprovechando precisamente el éxito que tenían los dulces que fabricaba.
Refiere la historia que al morir Marcial, heredó la fábrica de ates a su hijo Ignacio Martínez Maciel, quien posteriormente la vendió a una familia de apellido Ortiz, cuyos miembros la dirigieron durante bastante tiempo, de manera que El Paraíso conoció los semblantes de la historia, los rasgos del México del siglo XIX, las epopeyas y las caídas de una nación entonces convulsiva.
Cuando faltaba un año para que El Paraíso cumpliera un siglo de actividades, los Ortiz vendieron la fábrica dulcera a los otros, a los integrantes de la familia Torres, quienes la administran desde 1939.
En honor a un establecimiento tan antiguo y tradicional en Morelia, la familia Torres fundó El Museo del Dulce, donde comercializan los productos que fabrican bajo la marca De la Calle Real y también, como complemento, de otras firmas de prestigio.
Enrique Maciel, coordinador de El Museo del Dulce, explica que las piezas más artesanales se fabrican en la empresa, entre los que destacan ates, chocolates de metate, morelianas y rompope.
Para enriquecimiento de la historia del dulce, recientemente aconteció un hallazgo sorprendente: en uno de los baúles de doña Soledad Orozco Calderón, dama de la sociedad moreliana, aparecieron recetas con fecha de 1900, las cuales indican el modo de preparación de lo que la familia Torres denomina ates gourmet.
Se trata de ates que se procesaban hace más de una centuria y que contienen entre sus ingredientes naranja, plátano, fresa, mango, chicozapote y zarzamora, por citar algunas frutas. Los documentos indican la fórmula para preparar ates con alrededor de una docena de sabores.
El mismo Enrique Maciel comenta que en El Museo del Dulce se manejan dos épocas diferentes: la Colonia, específicamente el siglo XVIII; la del porfiriato, entre el ocaso de la decimonovena centuria y la aurora de la vigésima.
Se hace más énfasis en el porfiriato porque fue la etapa en que la fábrica tuvo mayor auge. Se trató de recrear aquellos días con mobiliario, decoración y vestuario de los empleados.
El Museo del Dulce, que se localiza en Avenida Madero Oriente 440, casi frente al templo colonial de Las Monjas y el Palacio Federal, en el Centro Histórico de Morelia, atiende a los turistas nacionales y extranjeros, pero también está abierto a los habitantes de la ciudad y los michoacanos en general.
El recinto cuenta con varias secciones, entre las que se pueden mencionar la galería fotográfica, con aproximadamente 100 retratos; la sala audiovisual y el salón de maquetas, con la historia del dulce.
También cuenta con una cocina típica al estilo colonial, donde se preparan los ates y los visitantes tienen oportunidad de conocer algo sobre su elaboración y, además, probar determinadas piezas que resultan deliciosas.
Hay un salón de juguetería antigua, uno de souvenir y otro de la llamada dulcería conventual; aunque también existen una cafetería y áreas de dulces típicos, alta repostería y chocolatería.
La empresa, que cuenta con tranvía turístico, tiene entre sus retos la atención no solamente de visitantes, sino de morelianos y michoacanos en general, quienes deben sentirse orgullosos de las tradiciones de la ciudad y del estado, y compartirlas con sus descendientes.
Como empresa moreliana y recinto cultural y tradicional, El Museo del Dulce reafirma su compromiso para seguir multiplicando esfuerzos en la atracción de turistas a la capital de Michoacán, asegura Enrique Maciel, quien argumenta que por tal motivo la firma aparece en diferentes catálogos de promoción.
Campanas de México ✱ Actualización 23-01-2026 ✱ 083038@gmail.com